10 mayo 2011

Sub Marcos, plantea al sub Pedro en primera persona como contando su propia historia desde otro lado, desde la muerte. Habla entonces, el sub Pedro.

SUBCOMANDANTE INSURGENTE PEDRO – MUERTO EN COMBATE LA MADRUGADA DEL 1º DE ENERO DE 1994.

Sub Marcos, plantea al sub Pedro en primera persona como contando su propia historia desde otro lado, desde la muerte. Habla entonces, el sub Pedro.

“Me acuerdo de ese día. El sol no caminaba derecho, sino que se iba de lado. Quiero decir, sí se iba de acá para allá, pero iba como de lado, así nomás sin encaramarse en eso que no me acuerdo ahorita como se llama pero una vez el sup nos dijo.

Estaba como frío el sol. Bueno, ese día todo estaba frío. Bueno, no todo. Nosotros estábamos calientes. Como que la sangre o lo que sea que tenemos dentro del cuerpo, estaba con calentura. No me acuerdo como es que dijo el sup: ‘el cenit’ o algo así, o sea que es cuando el sol llega hasta lo más alto. Pero ese día no. Más bien como que se iba ladeando. Nosotros igual avanzábamos.

Yo ya estaba muerto, acostado panza arriba y vi bien que el solo no estaba caminando derecho sino que se estaba andando de lado. Ese día estábamos muertos todos y como quiera avanzábamos. Por eso el sup escribió eso de ‘somos los muertos de siempre, muriendo otra vez, pero ahora para vivir’. ¿Cuándo mero nos morimos todos? Pos la verdad no me acuerdo, pero ese día en que el sol caminaba de ladito ya todos estábamos muertos. Todos y todas, porque también iban mujeres, creo que por eso no nos podían matar. Como que está difícil eso de matar a un muerto porque de por sí ya esta muerto. Ese día en la mañana era una corredera de gente. No se si porque empezó la guerra o porque vieron tanto muerto avanzando, caminando como siempre, sin rostro, sin nombre. Bueno, primero corría la gente, luego ya no corría. Ya luego se detenía y se acercaba para oír lo que decíamos. ¡Qué ocurrencia! Viera que yo estuviera vivo, ¡de tarugo me iba a acercar a oír lo que dijera un muerto! Cómo que pensaría que los muertos no tienen nada que decir. Están muertos pues. Como que su trabajo de los muertos es andar espantando y no hablando. Yo me acuerdo que en mi tierra se decía que los muertos que caminan todavía, es porque tienen algún pendiente y por eso no están quietos. En mi tierra así se decía. Creo que mi tierra se llama Michoacán, pero no muy me acuerdo. Tampoco me acuerdo bien, pero creo que se llamaba Pedro o Manuel o no sé, creo que de por sí no me importa como se llama un muerto porque ya está muerto. Tal vez cuando uno está vivo pues sí importa cómo se llama uno, pero ya muerto pa’ que.

“Bueno, el caso es que la gente ésta, después de su corredera, se iba acercando a ver qué le decíamos todos los muertos que éramos. Y entonces pues a hablar, así como de por sí hablamos los muertos, o sea como platicadito, así, sin mucha bulla, como si uno estuviera platicándole algo a alguien y no estuviera uno muerto sino vivo. No, tampoco me acuerdo que palabra hablamos. Bueno, un poco sí. Algo tenía que ver con eso de que estábamos muertos y en guerra.

“en la madrugada habíamos tomado la ciudad. A mediodía ya estábamos preparando todo para ir por otra. Yo ya estaba acostado al mediodía, por eso vi clarito que el sol no se andaba derecho y vi que hacia frío. Vi pero no sentí, porque los muertos no sienten pero sí ven. Vi que hacia frío porque el sol estaba como apagad, muy pálido, como si tuviera frío. Todos andaban de un lado para otro. Yo no, yo me quedé acostado panza arriba, viendo el sol y tratando de acodarme cómo es que dijo el sup que se decía cuando el sol queda mero arriba, cuando ya acabó de subir y empieza a dejarse caer de aquel lado. Como que entra su pena de sol y va y se esconde detrás de esa loma. Ya cuando el sol se fue a esconder no me di cuenta. Así como estaba yo no podía voltear la cabeza, sólo podía mirar mero para arriba y, sin voltear, lo poco que alcanzaba para uno y otro lado. Por eso vi que el sol no se iba derecho, sino que se iba de lado, como con pena, como con miedo de encaramarse en eso que ahorita no me acuerdo como dijo que se decía el sup, pero tal vez al rato me acuerdo.

“Yo me acordé ahorita porque se rajó un poco la piedra y se hizo una rendija así como una herida de cuchillo, y entonces pude ver el cielo y el sol caminándose otra vez de lado como aquel día. Otra cosa no se puede ver. Así acostado como estoy, apenas si alcanzo el cielo. No hay muchas nubes y el sol está como pálido o sea que esta haciendo frío. Y entonces me acorde de aquel día cuando los muertos que somos empezamos esta guerra para hablar. Sí, para hablar. ¿Para qué otra cosa harían una guerra los muertos?

“Les decía que por esta rendija se alcanza a ver el cielo. Por ahí pasan helicópteros y aviones. Vienen y se van, diario, a veces hasta de noche. Ellos no lo saben pero yo los veo, los veo y los vigilo. También me rió. Sí, porque al final de cuentas, esos aviones y helicópteros vienen acá porque nos tienen miedo. Sí, ya sé que de por sí los muertos dan miedo, pero esos aviones y helicópteros lo que tienen miedo es de que los muertos que somos nos echemos a caminar de nuevo. Y yo no sé para qué tanta bulla, si de por sí nada podrían hacer porque ya estamos muertos. Ni modo que nos maten. Tal vez es porque quieren darse cuenta y avisar con tiempo al que los manda. No sé. Pero si sé que el miedo se huele y el olor del miedo poderoso es así como de maquina, como de gasolina y aceite y metal y pólvora y ruido y…y… y de miedo. Sí, el miedo huele a miedo, y a miedo huelen esos aviones y esos helicópteros. A miedo huele el aire que viene de arriba. El de abajo no. El aire de abajo huele bonito, como a que las cosas cambian, como que todo mejora y se hace más bueno. A esperanzas, a eso huele el aire de abajo. Nosotros somos de abajo. Nosotros y muchos como nosotros. Si, ahí está la cuestión pues, en este día todos los muertos huelen a esperanza.

“Todo esto veo por la rendija y todo eso escucho. Pienso, y mis vecinos están de acuerdo (lo sé porque ellos me lo han dicho), que no esta bien que el sol se camine de lado y que hay que enderezarlo. Por eso de que se camine así de lado, todo pálido y friolento pues no. Como que su trabajo del sol es dar calor, no tener frío.

“Y si me apuran, pues hasta le hago al analista político. Mire usted, yo digo que el problema de este país es que puras contradicciones tiene. Ahí está pues que carga un sol frío, y la gente viva ve y deja hacer como si estuviera muerta, y el criminal es juez, y la victima esta en la cárcel, y el mentiroso es gobierno, y la verdad es perseguida como enfermedad, y los estudiantes están encerrados y los ladrones están sueltos, y el ignorante imparte cátedras, y el sabio es ignorado, y el ocioso tiene riquezas, y el que trabaja nada tiene, y el menos manda, y los más obedecen, y el que tiene mucho tiene más, y el que tiene poco tiene nada, y se premia al malo, y se castiga al bueno.

“Y no sólo, además, aquí, los muertos hablan y caminan y se dan en sus cosas raras, como eso de tratar de enderezar a un sol que tiene frío y, mírelo nomás, se anda de lado, sin llegar a ese punto que no me acuerdo como se llama pero el sup nos dijo una vez. Yo creo que un día me voy a acordar”.

CARTA DEL SUBCOMANDANTE INSURGENTE MARCOS –

21 DE ENERO DE 2000-

EZLN. EL FUEGO Y LA PALABRA. Gloria Muñoz Ramirez

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