20 noviembre 2007

La canción de los presos

10.08.2006 - EDUARDO GALEANO

De "Entrevistas y artículos 1962-1987"

Mala noticia para los ingenieros del horror: la máquina de la muerte produce vida. Cada piecita luce intacta y en su sitio, se han revisado y aceitado los engranajes, se han seguido al pie de la letra las instrucciones de los técnicos internacionales de mayor experiencia y prestigio. Sin embargo, ahí está aleteando, más viva que nunca, el alma humana. Hombres aislados, torturados, cotidianamente sometidos al tratamiento de la destrucción, responden creando. No tiene la voz rota ni apagado el corazón quien es capaz de decir:

a veces llueve

y te quiero

a veces sale el sol

y te quiero

la cárcel es a veces

siempre te quiero

Estos son poemas anónimos. Sus autores están presos en el Penal de Libertad, que así se llama, por traición al lenguaje, la principal cárcel de presos políticos del Uruguay. Han sido escritos en hojillas de papel de fumar y se han deslizado a través de los barrotes y los anchos muros de ese campo de concentración. Por ser obra de los presos, los poemas simbolizan perfectamente la situación de un país que está, todo entero, en prisión:

lo dijo un compañero

si eliminamos

órdenes

reglamentos

si hacemos caso omiso

a uniformes

rejas

si no tomamos en cuenta

a oficiales

y alcahuetes

lo dijo un compañero y yo lo creo aquí

en el calabozo grande estamos presos

La cárcel es la casa de cada ciudadano. ¿Quién no tiene prohibida la palabra? Una reciente orden de la Dirección Nacional de Relaciones Públicas de la dictadura uruguaya impide opinar sobre temas políticos a nadie que no sea general de las Fuerzas Armadas. Todos los habitantes del país son rehenes de libertad precaria, sin otro derecho que el de respirar y obedecer. El simple hecho de cobrar una cuota de un sindicato se considera incitación al delito y se paga con seis años de prisión. Se ha cambiado la partitura del himno nacional para que la música suene bajito cuando el coro grita: "¡Tiranos temblad!", y así se obliga a susurrar la frase, porque el que se anima a gritarla marcha derecho a la picana eléctrica y la cárcel. Mientras existió la prensa de oposición, el régimen batió el record mundial de suspensiones y clausuras, entre 1968 y 1975, y actualmente no se perinite leer, en las bibliotecas públicas, los diarios y revistas publicados antes del golpe de Estado de 1973. La orden de silencio es tan absoluta que están sometidos a censura, en el Uruguay, los diarios de Argentina y Chile, porque resulta demasiado libre la prensa de Videla y Pinochet. Más de la mitad del presupuesto nacional se dedica a financiar las tareas de vigilancia, persecución y castigo: en proporción, el Uruguay tiene el mayor presupuesto de represión del mundo entero. El derroche militar y policial podría explicarse, quizás, porque el gobierno considera que estamos en plena tercera guerra mundial, según explica un reciente documento de las Fuerzas Armadas editado por la Universidad de la República. Pero en realidad, es muy otra la guerra que están librando los militares de mi país. Para las Fuerzas Armadas uruguayas, convertidas en el partido político de las corporaciones multinacionales, el enemigo es la gente:

es verde

pero murmura

es verde

pero habla

es verde

pero interroga

es verde

pero tortura

El senador Frank Church dijo en Estados Unidos que "Uruguay es la peor, aunque no la única, cámara de torturas de América Latina", y recientemente, el almirante Hugo Márquez, miembro de la Junta de Comandantes en Jefe, proclamó en Montevideo que los militares tienen órdenes de "respetar la dignidad del ser humano y no infligirle presiones físicas más allá de lo que es humanamente soportable". Por lo menos medio centenar de personas han muerto víctimas de torturas "humanamente soportables', y no existe un solo preso político que no haya pasado por ellas


si vieras

las contradicciones que hay

en el Ejército

si hubieras escuchado

cómo discutían

alférez y capitán

mientras me daban

En el marco de la campaña mundial por la amnistía, los poemas de los presos políticos serán editados en Suecia. Resultarán sorprendentes, para más de un lector, porque nada tienen que ver con el panfleto facilongo y porque revelan una insólita capacidad de hermosura en las peores condiciones imaginables. Han sido escritos por hombres sometidos a un continuo clima de tensiones y amenazas, deliberadamente montado para volverlos locos. En 1976, Edy Kaufman, de Amnesty International, reprodujo ante el Congreso norteamericano las palabras del director del penal de Libertad: ya que no se ha liquidado a tiempo a los elementos peligrosos para el país, y tarde o temprano habrá que liberarlos, "debemos aprovechar el tiempo que nos queda para volverlos locos". Los presos políticos uruguayos sólo pueden hablar por teléfono con las pocas visitas que se les permiten y tienen prohibido volver la cabeza, hacer guiñadas, caminar lentamente o con apuro y, por misteriosas razones, también tienen prohibido dibujar peces, mujeres embarazadas y gusanos. Están obligados a pagar su hospedaje, como si la cárcel fuera hotel, a un promedio de quinientos dólares anuales. Son frecuentes las tentativas de suicidio en las celdas de castigo y también los simulacros de fusilamiento.

No son éstos, sin embargo, poemas quejosos. No están sucios de autocompasión. Han sido escritos desde la dignidad, no desde la lástima:

hablar brevemente con la abeja

que pasa zumbando

decirle a la hormiga que se apure con su pan

para la compañera hormiga

contemplar la araña

admirar la belleza

de sus patas portentosas

y rogarle

que suba más despacio por la tela

son todas formas de la resistencia.

Desde la dignidad, digo, peleada y salvada cada día:

hoy me sacaron la capucha

¿cómo voy a llorar ahora

justo ahora

que tengo, ganas de llorar?

¿dónde esconderé las lágrimas ahora?

ahora que me sacaron la capucha.

Fracaso de los inquisidores y los verdugos. A la cultura popular, no hay prisión que la encierre, ni aduana que la pare, ni bala que la mate:

por qué será que el sargento

silba Viglietti

por qué será que el cabo

tararea Olimareños

por qué será que el soldado

canta Zitarrosa

porqué será que tienen

mierda en la cabeza.

En la ópera china clásica, el Emperador decapita al mensajero que trae malas noticias. La cultura nacional auténtica estaba trayendo malas noticias para los dueños del poder cuando los militares se lanzaron, con el cuchillo entre los dientes, al asalto de los centros de enseñanza, las editoriales, los periódicos, los teatros, las galerías de arte, los tablados de carnaval y los escenarios de las fiestas populares. La cultura uruguaya recibió así el mejor homenaje de toda su historia, porque, ¿qué se podría opinar de una cultura libre en una sociedad presa? La censura, la prisión, el exilio o la fosa esperaban a los culpables. La dictadura castiga a quien crea que el país no merece ser una cárcel o un asilo de ancianos. Al fin y al cabo, se prohiben libros como se prohiben asambleas. Se prohibe la palabra a los mejores escritores como se prohibe la palabra al llamado "hombre común", cuyo salario ha sido reducido a la mitad en siete años y que no tiene ningún motivo para celebrar que en el Uruguay estén baratos el jamón de Dinamarca, el vino de Francia y la mermelada inglesa, mientras cae verticalmente el consumo de leche y de zapatos.

Estos poemas de los presos políticos son, precisamente, obras del "hombre común", que no se limita a consumir la poca o ninguna cultura posible, sino que se muestra capaz de crearla. La energía creadora del pueblo nunca está muerta, aunque parezca, a veces, dormida; y no figura en los títulos de propiedad de los dueños del país y de la cultura oficial, que elogia ala muerte y rinde homenaje al miedo. A la sombra de la celda, el hombre persigue símbolos de identidad, signos de vida:

yo no la veo

tengo claro el concepto

lo que quiero decir

lo que quiero decirles

busco debajo de la frazada

por las dudas,

no se me haya escondido la muy puta

pero no está

no hay caso

no hallo la palabra.

¡Ayuden a buscarla compañeros!

Estos poemas de amor, amor a la vida, al paisito nuestro y a las cosas más sencillas y verdaderas, han sido escritos con humildad. No tienen la arrogancia del héroe ni de la víctima y están a salvo de cualquier mesianismo. La cárcel ha enseñado, muy duramente, a encontrar la esperanza en la barriga de la desgracia:

¡Arriba el ánimo, compañeros!

estando el enemigo

estamos nosotros.

El tiempo de la infamia es también el tiempo de la solidaridad. Quien espera salir alguna vez, también espera

haber aprendido

a desnudarse

y aceptar discretamente

que el abono fue

siempre será

doloroso

y nunca se está

en la vida jamás se está

de veras

solo.

18 noviembre 2007

Ser

Un conjunto de sensaciones invaden su ser,
cada rincón, hasta el más recóndito es ocupado.

Se conmueve,
se emociona,
se piensa,
vive.

Planteos,
replanteos,
cambios,
vida,
amor,
repuestas.

Muchas palabras que despiertan dentro de su ser
y buscan salir.

Se ordenan, lo intentan;
no lo logran, lo descubren.

Fluyen.

Sentimientos se apoderan de cada uno de esos rincones;
hasta que finalmente encuentran su lugar.

En ese encuentro perciben la totalidad,
la totalidad de la que son parte,
de la que necesitaban ser parte;
para ser.

carpe diem
14 nov 07

El maravilloso beneficio de conmoverse

La escena se repetía.
la incertidumbre se apoderaba de cada uno de ellos.
Pasada la incertidumbre de la llegada, transcurrido el tiempo,
aparecidas y aparecidos.
Mujeres censuradas,
mujeres privadas,
mujeres liberadas,
mujeres soñadoras.
Utópica libertad la que las esperaba en cada encuentro,
utópico y valorado momento de libertad.
Palabras que cobraban fuerza,
que derriban y enfrentan todo encierro,
palabras que son liberadas;
seres liberados en palabras.
incertidumbre.
El encuentro cumple un ciclo.
Nuevamente incertidumbre.
Como verbalizarla,
como compartirla y descubrirla.
Una a una esas palabras se liberaron,
sonrieron y lloraron.
La unión.
Más allá, el crecer y el ser.
El encontrarse y agradecer.
Nuevamente el afuera,
preguntas que surgen para el afuera
luego de vincularse con el adentro.

carpe diem
14 nov 07

04 noviembre 2007

hace un tiempo esto me acompaña, hoy elejo compartirlo

Me encuentro ante palabras que necesitan definirse antes e empezar este relato. Las busco…

Libertad: poder de obrar y de no obrar, o de escoger; estado opuesto al cautiverio o a la servidumbre.

Cárcel: casa fuerte donde se custodian los presos; instrumento de carpintería que sirve para mantener apretadas mientras se van secando dos piezas de madera encoladas.

Preso: dícese del delincuente cogido por la justicia.


Con estos tres conceptos creo poder arrancar.

Miércoles 26 de septiembre de 2007. Destino unidad penal nº3. Ezeiza.

Objetivo: dictar un taller de periodismo en la cárcel.

Sensación, estar en una cárcel; dos sentimientos que recorrían mi ser y cada vez se apretaban más fuerte dentro mío por ocupar un lugar conjunto.

Sentimientos: angustia y ansiedad.

Angustia, porque la sensación de encierro me genera eso, el no poder moverte hacia donde deseas hacerlo, no poder ver más allá de un muro o una reja que marca el límite entre el encierro y la falta de libertad.

Ansiedad, ansiedad de ser parte de esa angustia, de compartir con quien la justicia, hasta que se demuestre lo contrario o no, considera delincuentes, en este caso “delincuentas".

El penal nº 3 de Ezeiza es para mujeres que perdieron su capacidad de obrar y escoger.

Nuestra intención como dijo una de ellas es “brindarles un momento de libertad”.

En realidad nuestra ambición no llega a tanto, pero ellas así lo decidieron.

Cerca de las dos de la tarde fue nuestro encuentro, reja tras reja mediante; boleta tras requisa mediante; llego el momento.

Poco a poco esas mujeres en “cautiverio”, privadas de su libertad, fueron llegando al lugar del encuentro.

Un lugar pequeño, frio, con dos insignificantes ventanitas por las que entraba un destello de luz natural; sí, hasta eso tiene en caja fuerte para hacer “efectiva” su “custodia; como si el sol pudiera ser cómplice de vaya uno a saber que.

(Cuantas comillas, ¿así se tomaran todo los responsables de la justicia?)

Entro una, entraron tres, entraron más de treinta mujeres, otras tantas no lo hicieron porque ni siquiera sobre aquello que pueden decidir les es permitido hacerlo.

(¿Por qué todo el tiempo se les recuerda todo lo que no, aunque sea que si?)

Y así nos encontramos los tres ansiosos por nuestro encuentro con ellas, ellas ansiosas por encontrarnos.

Y todo comenzó, pero fieles a las normas, toda historia tiene una presentación y así ocurrió.

Ovillo va, ovillo viene; una a una fueron abriendo algo de sus vidas a nosotros; ovillo que se cae, risa que recoge ese ovillo, nombre a nombre fuimos encontrándonos.

Esa sala tan pequeña, desbordaba de energías, a medida que el ovillo nos tejía y nos unía, energías que jamás pensó tener que contener, y que no pudo hacerlo.

Esa era nuestra intención “enredarnos” para seguir tejiendo juntos.

Enredados y enredadas partimos hacia el mundo periodístico, concepto va, concepto viene; siempre realidad mediante.

Ellas se identificaron y todos en algún punto nos identificamos con ellas.

En el transcurso de dos horas ese muro pareció desaparecer; ellas protagonizaron toda la escena liberadora que derribo el muro.

Como dice Urondo “hay que organizarse rigurosamente para conformar esa nueva anormalidad que nos espera con los brazos abiertos para no caerse, como un chico que corre hacia nosotros por primera vez”.

El “Paco” sabia de lo que hablaba; el vivió lo mismo que cada una de estas mujeres; y lo escribió, dijo lo que sintió; como ellas dicen lo que sienten.

“Del otro lado de la reja está la realidad, de esta lado de la reja también está la realidad; la única irreal es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien si pertenece al mundo de los vivos, al mundo de los muertos, al mundo de las fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o de la producción”.

Y sigue don Urondo describiendo esa realidad irreal y seguimos enredándonos en esa realidad por momentos irreal o ideal.

Catarsis que le dicen y compartir lo que nos pasa; algo de eso motivo esto escrito a los días de ocurrido; y ahora exteriorizado.

PEQUEÑA MUERTE - Eduardo Galeano

“No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces del dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele.

Pequeña Muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza.

Pequeña Muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.