10 abril 2007

LAS TIZAS NO SE MANCHAN CON SANGRE

El hombre no puede renunciar nunca a los sueños, el hombre no puede renunciar nunca a las utopías.
Es que luchar por una utopía es, en parte construírla

LAS TIZAS NO SE MANCHAN CON SANGRE TODAS Y TODOS SOMOS CARLOS FUENTEALBA


yo, maestra

yo, maestra, pienso en los gestos de la gente que despreciaba nuestro reclamo en el
colectivo, en el supermercado, en la verdulería y tantos otros lugares donde se cruzan las
vidas cotidianas, pienso en los 200 vidrios rotos de mi escuela del oeste que recién
colocarían un mes después de la fecha de inicio de clases, pienso en el habitual silencio
del gobierno con cuatro semanas de huelga, pienso en los empresarios exigiendo las rutas
libres, pienso en la palabra "vagos" que vituperaban los que pasaban a pie por el corte del
puente, pienso en el camionero que la única razón por la que no arremetió contra el piquete
fue porque todavía es delito atropellar a una persona en una protesta, pienso en un obispo
que firma declaraciones contra el aborto y que, bajo el fantasma de Don Jaime, tiene una
escuálida participación en los conflictos sociales, pienso en esa mañana en Arroyito con la
tensión en la sangre, en la granada de gas que rebotó en el auto en el que íbamos, pienso
en las maestras corriendo a campo traviesa, cuerpos vulnerables frente a la parafernalia
militar de los uniformados, pienso en mi casa, cuando me saco la ropa con los rastros del
gas que me cerraba la garganta, en la desesperación y las lágrimas de ese día, pienso en mi
llanto cuando la foto del asesinato hizo estallar mi cabeza, pienso en la madre de mi
escuela que en la huelga del año pasado dijo que los conflictos se resolvían con un muerto,
pienso como un ejercicio de memoria en las docentes apaleadas en Plaza Huincul el año
anterior, pienso en la cadena de nombres que se apiñan como saldo de políticas genocidas
como Teresa Rodríguez, Víctor Choque, Kostequi y Santillán, Silvia Roggetti, y ahora,
Carlos Fuentealba, pienso en la pulsión de derecha que ya se instaló en el costado
izquierdo de la población, pienso en las felicitaciones a la policía de varios turistas en
la ruta que alababan su accionar por despejar los "obstáculos", que sólo eran cuerpos de
mujeres y varones ya que ni las gomas llegamos a colocar, pienso en las palabras del
gobernador como "enfrentamiento" y "excesos" que dan continuidad a la historia de la
dictadura, pienso en la burocracia gremial del país que también esperó un "muerto" y suerte
para ellos que fue en Neuquén y no en Santa Kruz, pienso en lo que pueden estar pensando
mis alumnas y alumnos, pienso en el dibujo acerca de la democracia del hijo de un "puntero"
donde un hombre le decía a otro a metros de una mesa de escrutinio: "yo te voto si me das
algo", pienso en cómo ser policía se convirtió en trabajo seguro para los pobres y también
para las pobres, porque la igualdad de género siempre llega antes a los lugares donde al
poder le conviene, pienso en lo que enseñaremos y en lo que dejaremos de enseñar a partir
de ahora, pienso que tengo que volver a tomar la tiza que pesa como el cuerpo de un
compañero tirado en la ruta y desearía escribir otros nombres en el espacio de las
autoridades políticas, pienso en que seguramente serán parecidos o serán de la misma
manufactura corrupta y negligente, pero que Jorge "Rafael" Sobisch y sus cómplices paguen
por sus acciones, pienso en el policía que disparó y en los eslabones de impunidad que
hicieron posible su presencia en la ruta, pienso que en el reclamo de justicia por Carlos
están muchos nombres, muchos cuerpos, desnutridos, encarcelados, enterrados, mutilados,
desaparecidos, pienso en la miseria de esta provincia que contrasta con los millones de
dólares de la renta petrolera, pienso en el slogan "Sentite Neuquén" de una solapada
xenofobia siempre impulsada por los sectores gobernantes, pienso en nuestro trabajo docente
precarizado sometido siempre a la jerarquía de la burocracia estatal, pienso en el papel de
guardianas del orden social, moral y sexual que todavía depositan en nosotras para formar
al "ciudadano de bien", pienso en que no comparto la idea de que las y los docentes somos
sagrados como se dijo en algún escrito de ocasión, pienso que la educación tiene que
desarmar jerarquías de cualquier índole, promover itinerarios de comprensión de la
desigualdad de clase, género, raza, sexo, orientación sexual, nacionalidad, edad, que no
son ni para siempre ni desde siempre, que hay intereses para que sean así, pienso que la
obediencia no puede ser nuestro mandato pedagógico,

yo, maestra, pienso que las cosas pueden ser de otra manera

Valeria Flores, maestra, escuela Nº 348, Neuquén

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ESTAMOS HABLANDO DE LO MISMO


Estamos hablando de lo mismo, ojalá podamos todos tomar conciencia.La muerte del docente neuquino Carlos Fuentealba, en manos de un poder político que se ejerce en forma absoluta. Estamos hablando de lo mismo: son las mismas manos que firmaron las leyes y acuerdos que permitieron consumar el despojo minero, y que hoy lo promocionan y protegen.Estamos hablando de lo mismo: son las mismas manos que matan las futuras generaciones permitiendo y apañando todo tipo de contaminación en nuestros territorios: papeleras, citrícolas, ingenios y todo tipo de industrias que arrojan sus desechos a las cuencas hídricas sin los tratamientos necesarios.Estamos hablando de lo mismo: las mismas manos que manejan la CNEA que envenena a miles de familias, y firman propuestas de venta de centrales nucleares a otros países aceptando la condición de traer a nuestra Argentina los desechos radioactivos.Estamos hablando de lo mismo: desmontes incontrolados, desalojo de campesinos y comunidades indígenas que son rociados día a día con agrotóxicos diseñados para las guerras, todo en aras del "boom" sojero y los eucaliptos y pinos transgénicos, todo esto llevado a cabo por las mismas manos.Estamos hablando de lo mismo: las manos que llevaron a la pauperización de gran parte del pueblo, y todavía lo permiten. Las manos que hacen que nuestros jóvenes deban obtener sus primeros empleos en condiciones casi esclavistas. Las manos que hacen que nuestros docentes, profesionales y obreros deban utilizar la mayor parte de sus energías creativas en pensar cómo llegar a fin de mes, en lugar de permitirles pensar en un proyecto de país para todos.Estamos hablando de los mismo: las manos que permitieron y hoy admiten que se siga arrasando con nuestra cultura y propician para nuestros jóvenes el ideario y la moral del
Gran Hermano.Estamos hablando de lo mismo: esas manos llenas de sangre del pueblo, al que no sólo se lo mata en las represiones brutales, sino que se lo enferma, degrada y oprime día a día.Estamos hablando de lo mismo: son las manos que robaron la Soberanía Popular, abusando de la democracia representativa y establecieron una especie de monarquía absoluta digitada por
los poderes económicos transnacionales y globalizados y ejercida por los representantes elegidos por el voto y por funcionarios elegidos a dedo.Estamos hablando de lo mismo: solamente cuando tomemos verdadera conciencia de que esas manos nos quitaron el ejercicio de la democracia participativa y el concepto de PUEBLO SOBERANO, podremos hacer que esas sucias manos dejen de manosear nuestras vidas, nuestro futuro, nuestra cultura y todos nuestros derechos como habitantes de este país.


Norberto Costa ONG Eco Bio Term http://movidaambientaltermas.blogspot.com/

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...al maestro no se le pega


Lo sabe un chico de cuatro años, de salita celeste, que ni siquiera sabe hablar
correctamente.

Lo sabe un chico de seis años, que ni siquiera sabe escribir.

Lo sabe un chico de doce años, que desconoce todas las materias que le deparará el
secundario.

Lo sabe un adolescente de diecisiete años, aunque sea la edad de las confusiones, la edad
en la que nada se sabe con certeza.

Lo saben sus padres.

Lo saben sus abuelos.

Lo sabe el tutor o encargado.

Lo saben los que no tienen estudios completos.

Lo sabe el repetidor.

Lo sabe el de mala conducta.

Lo sabe el que falta siempre.

Lo sabe el rateado.

Lo sabe el bochado.

Lo sabe hasta un analfabeto.

No se le pega a un maestro.

No se le puede pegar a un maestro.

A los maestros no se les pega.
Lo sabe un chico de cuatro años, de seis, de doce, de diecisiete, lo saben los repetidores,
los de mala conducta, los analfabetos, los bochados, sus padres, sus abuelos, cualquiera lo
sabe, pero no lo saben algunos gobernadores.
Son unos burros. No saben lo más primario.

Lo que saben es matar a un maestro.

Lo que saben es tirarles granadas de gas lacrimógeno.

Lo que saben es golpearlos con un palo.

Lo que saben es dispararles balas de goma.
A los maestros. A maestros.
Lo que no saben es que se puede discutir con un maestro.

Lo que no saben es que se puede estar en desacuerdo con lo que el maestro dice o hace.

Lo que no saben es que un maestro puede tener razón o no tenerla.

Pero no se le puede pegar a un maestro.

No se le pega a un maestro.

A los maestros no se les pega.

Y no lo saben porque son unos burros.

Y si no lo saben que lo aprendan.

Y si les cuesta aprenderlo que lo aprendan igual.

Y si no lo quieren aprender por las buenas, que lo aprendan por las malas.
Que se vuelvan a sus casas y escriban mil veces en sus cuadernos lo que todo el mundo sabe
menos ellos, que lo repitan como loros hasta que se les grabe, se les fije en la cabeza, lo
reciten de memoria y no se lo olviden por el resto de su vida; ellos y los que los sucedan,
ellos y los demás gobernadores, los de ahora, los del año próximo y los sucesores de los
sucesores, que aprendan lo que saben los chicos de cuatro años, de seis, de doce, los
adolescentes de diecisiete, los rateados, los bochados, los analfabetos, los repetidores,
los padres, los abuelos, los tutores o encargados, con o sin estudios completos:
Que no se le pega a un maestro. No se le puede pegar a un maestro.

No debo pegarle a un maestro. A los maestros no se les pega.
Sepan, conozcan, interpreten, subrayen, comprendan, resalten, razonen, interioricen,
incorporen, adquieran, retengan este concepto, aunque les cueste porque siempre están
distraídos, presten atención y métanselo en la cabeza: los maestros son sagrados.

Por Mex Urtizberea Para LA NACION