15 noviembre 2012

sabias palabras

Meditaciones sobre el peronismo rioplatense
Por HLE

El escritor inglés Samuel Johnson solía decir que la patria, en tanto que abstracción, en muchas ocasiones no es más que el último refugio del sinvergüenza: invocándola como huella absoluta, como un imperativo ineludible, a lo largo de la historia del hombre se han cometido atrocidades de imposible enumeración.
Y entonces me voy a bordo de Johnson, aunque en otra dirección: a mi juicio, en muchas oportunidades el “pero” no es más que el último refugio del pusilánime, del timorato, del acomodaticio, del ambiguo.
El término “pero”, al decir de cualquier diccionario básico y escueto, es una conjunción adversativa que suele emplearse para contraponer un concepto a otro. Mentira. Eso ocurría en otra época, cuando las personas todavía eran propensas a formular opiniones, a plantarse con garbo delante de una idea y defenderla sin rodeos. Opinar: discurrir, reflexionar, pensar, sentir. Dejar correr un pensamiento, echarlo a andar generando en el fortuito compañero de palabras el deseo de llegar a buen destino. Exponer el hecho, el suceso, la situación, y desarrollar luego la argumentación que conduce por fin hacia una conclusión: alcanzar el convencimiento de uno mismo, primero, y luego del otro, a través de la razón. Descubrir y narrar el revés de la trama de la información, de la circunstancia, del hecho oficial (que es de oficio y no privado). Prescindiendo siempre de aquellos “peros” fallutos que en cualquier charla, hasta la más breve y banal, sólo se sueltan para congraciar.

Lo que nadie puede permitirse al formular una opinión, y, me atrevo a sugerir, en la vida, es el engaño a sí mismo: forzar el discurso, teñirlo de amaneramiento y ubicuidad con el único propósito de satisfacer a unos y otros y de tal modo tener la feliz certidumbre de que habrá de comer de uno y otro plato. Hábito de dirigentes políticos.

Opinar, en cierto modo, equivale a ser. Exponer cuerpo e ideas a los ojos y juicios de extraños, formular un parecer, tiene una consecuencia humana, demasiado humana: los intolerantes se apartarán de nuestro lado, y, muy probablemente, nos situarán en alguno de los casilleros de la rigurosa taxonomía con que clasifican al género humano. ¿Eso es malo?
Dicho de otro modo: si querés ser amigo de toda la humanidad, pues cerrá la boca, o abrila para soltar palabras vacuas, desprovistas de todo sentido y oportunidad. Yo comparto, pero; yo acepto, pero; yo apruebo, pero. Resultado: yo soy, pero no. Me limito a estar, a permanecer, a durar en el espacio y en el tiempo, como si ese fuera el objetivo excluyente de la condición humana.

Te quiero, pero creo que tendríamos que tomarnos un tiempo. Puede ser que las plantas de celulosa en Fray Bentos terminen contaminando las aguas del río Uruguay, pero debes tener en cuenta que se crearán 600 puestos de trabajo y habrá una inversión de cientos de miles de dólares. Me parece perfecto que la Constitución garantice el derecho de huelga, pero es inconcebible que los docentes resuelvan abandonar su puesto de trabajo y a nuestros niños porque pretenden un aumento de salario. El Rulo es un buen tipo, pero me parece falso. Te amo, pero necesito libertad. La situación de los hospitales públicos es deprimente, hay médicos que ganan sueldos miserables, no hay infraestructura, ni siquiera hay algodón, pero estos paros de los médicos terminan perjudicando a la gente común, que tiene que esperar horas para ser atendida. Comprendo las protestas de los desocupados, pero deben entender que el derecho de uno termina donde empieza el derecho del otro. Sí, en dos años de gobierno Kirchner no hizo nada por el tema distribución de la riqueza, los excluidos del sistema y el quiebre definitivo con las imposiciones del FMI, pero hizo mucho en el terreno de los derechos humanos.

Celebro estos encontronazos literarios, estos altercados lunáticos entre fundamento y cretinismo --que uno puede apreciar en cualquier parte del mundo--, porque suelo golpear a mi mujer porque la amo y días atrás asesiné a mi vecino porque era un tipo macanudo.

El pero, en más de una oportunidad, es empleado de modo bastardo, como antesala del concepto que en última instancia quiere expresarse, es decir, anulando prácticamente el concepto que le brinda vida y motivo; concepto, el primero, por lo tanto, que ha sido formulado con el único objeto de ocultar la idea madre, eso de resultar amable: congraciarse.

Son “peros” que no contemplan la existencia del otro: fortuito interlocutor, vecino, amigo, pareja, compañera/o, colega de trabajo. Mucho menos sus necesidades y anhelos. “Peros” autoritarios.
Conducta, pareceres y posturas, presumo, tendrían que subordinarse a lo que, al menos en apariencia, nos parezca más justo.
Elimino el término “pero” de las frases anteriores. Y alumbro, de pronto, dos personas. Una de ellas me dice:
Te quiero; las plantas de celulosa en Fray Bentos terminarán contaminando las aguas del río Uruguay; me parece perfecto que la Constitución garantice el derecho de huelga; el Rulo es un buen tipo; te amo; la situación de los hospitales públicos es deprimente, hay médicos que ganan sueldos miserables, no hay infraestructura, ni siquiera algodón; comprendo las protestas de los desocupados; Kirchner no hizo nada por el tema distribución de la riqueza, los excluidos del sistema y el quiebre definitivo con las imposiciones del FMI.
Y el otro interviene: tendríamos que tomarnos un tiempo; en Fray Bentos se crearán 600 puestos de trabajo y habrá una inversión de cientos de miles de dólares; es inconcebible que los docentes resuelvan abandonar su puesto de trabajo y a nuestros niños porque pretenden un aumento de salario; el Rulo me parece falso; necesito libertad; estos paros de los médicos terminan perjudicando a la gente común, que tiene que esperar horas para ser atendida; los desocupados deben entender que el derecho de uno termina donde empieza el derecho del otro; Kirchner hizo mucho en el terreno de los derechos humanos.

Tengo, entonces, dos personas por completo diferentes y por completo similares. Tengo, creo, un tortuoso mapa de lo que son, al final de cuentas, muchas sociedades latinoamericanas, con esa compleja idiosincrasia que ha sabido engendrar el Gran Norte y que tiene como lugar común el desdén por el otro y una competencia melancólica. Por un lado, gente dispuesta a entregar su vida por un pedazo de pan; por el otro, gente dispuesta a entregar y sacar la vida por su auto.

Desde luego, hay infinidad de peros cuya utilización es certera e irrebatible. Por ejemplo, el que emplea Oscar Wilde en un pasaje de su artículo “El alma del hombre bajo el socialismo”, de 1891: “Puedo entender que un hombre acepte las leyes que protegen la propiedad privada y admiten su acumulación en tanto esas condiciones le permitan llevar una forma de vida bella e intelectual. Pero para mí es casi increíble que un hombre cuya vida es destrozada por tales leyes, pueda consentir su continuidad”.

15 septiembre 2011

ALGUNLANDIA


lugares, espacios, sitios, rincones, cosas, espejos, reflejos, sombras, objetos, construcciones, imagenes de aqui y de alla... de algunlandia...









RETRATOS HUMANOIDES


en la misma linea... las miradas, las sonrisas, las personas que son parte del camino del ojo a traves de la lente...













RETRATOS MASCOTERILES


retomando, reencontrando el rumbo, dandole al ojo la libertad de ver y crear, de decir y expresar... esto es algo de lo ultimo que ha salido a la luz...

RETRATOS MASCOTERILES





10 mayo 2011

Sub Marcos, plantea al sub Pedro en primera persona como contando su propia historia desde otro lado, desde la muerte. Habla entonces, el sub Pedro.

SUBCOMANDANTE INSURGENTE PEDRO – MUERTO EN COMBATE LA MADRUGADA DEL 1º DE ENERO DE 1994.

Sub Marcos, plantea al sub Pedro en primera persona como contando su propia historia desde otro lado, desde la muerte. Habla entonces, el sub Pedro.

“Me acuerdo de ese día. El sol no caminaba derecho, sino que se iba de lado. Quiero decir, sí se iba de acá para allá, pero iba como de lado, así nomás sin encaramarse en eso que no me acuerdo ahorita como se llama pero una vez el sup nos dijo.

Estaba como frío el sol. Bueno, ese día todo estaba frío. Bueno, no todo. Nosotros estábamos calientes. Como que la sangre o lo que sea que tenemos dentro del cuerpo, estaba con calentura. No me acuerdo como es que dijo el sup: ‘el cenit’ o algo así, o sea que es cuando el sol llega hasta lo más alto. Pero ese día no. Más bien como que se iba ladeando. Nosotros igual avanzábamos.

Yo ya estaba muerto, acostado panza arriba y vi bien que el solo no estaba caminando derecho sino que se estaba andando de lado. Ese día estábamos muertos todos y como quiera avanzábamos. Por eso el sup escribió eso de ‘somos los muertos de siempre, muriendo otra vez, pero ahora para vivir’. ¿Cuándo mero nos morimos todos? Pos la verdad no me acuerdo, pero ese día en que el sol caminaba de ladito ya todos estábamos muertos. Todos y todas, porque también iban mujeres, creo que por eso no nos podían matar. Como que está difícil eso de matar a un muerto porque de por sí ya esta muerto. Ese día en la mañana era una corredera de gente. No se si porque empezó la guerra o porque vieron tanto muerto avanzando, caminando como siempre, sin rostro, sin nombre. Bueno, primero corría la gente, luego ya no corría. Ya luego se detenía y se acercaba para oír lo que decíamos. ¡Qué ocurrencia! Viera que yo estuviera vivo, ¡de tarugo me iba a acercar a oír lo que dijera un muerto! Cómo que pensaría que los muertos no tienen nada que decir. Están muertos pues. Como que su trabajo de los muertos es andar espantando y no hablando. Yo me acuerdo que en mi tierra se decía que los muertos que caminan todavía, es porque tienen algún pendiente y por eso no están quietos. En mi tierra así se decía. Creo que mi tierra se llama Michoacán, pero no muy me acuerdo. Tampoco me acuerdo bien, pero creo que se llamaba Pedro o Manuel o no sé, creo que de por sí no me importa como se llama un muerto porque ya está muerto. Tal vez cuando uno está vivo pues sí importa cómo se llama uno, pero ya muerto pa’ que.

“Bueno, el caso es que la gente ésta, después de su corredera, se iba acercando a ver qué le decíamos todos los muertos que éramos. Y entonces pues a hablar, así como de por sí hablamos los muertos, o sea como platicadito, así, sin mucha bulla, como si uno estuviera platicándole algo a alguien y no estuviera uno muerto sino vivo. No, tampoco me acuerdo que palabra hablamos. Bueno, un poco sí. Algo tenía que ver con eso de que estábamos muertos y en guerra.

“en la madrugada habíamos tomado la ciudad. A mediodía ya estábamos preparando todo para ir por otra. Yo ya estaba acostado al mediodía, por eso vi clarito que el sol no se andaba derecho y vi que hacia frío. Vi pero no sentí, porque los muertos no sienten pero sí ven. Vi que hacia frío porque el sol estaba como apagad, muy pálido, como si tuviera frío. Todos andaban de un lado para otro. Yo no, yo me quedé acostado panza arriba, viendo el sol y tratando de acodarme cómo es que dijo el sup que se decía cuando el sol queda mero arriba, cuando ya acabó de subir y empieza a dejarse caer de aquel lado. Como que entra su pena de sol y va y se esconde detrás de esa loma. Ya cuando el sol se fue a esconder no me di cuenta. Así como estaba yo no podía voltear la cabeza, sólo podía mirar mero para arriba y, sin voltear, lo poco que alcanzaba para uno y otro lado. Por eso vi que el sol no se iba derecho, sino que se iba de lado, como con pena, como con miedo de encaramarse en eso que ahorita no me acuerdo como dijo que se decía el sup, pero tal vez al rato me acuerdo.

“Yo me acordé ahorita porque se rajó un poco la piedra y se hizo una rendija así como una herida de cuchillo, y entonces pude ver el cielo y el sol caminándose otra vez de lado como aquel día. Otra cosa no se puede ver. Así acostado como estoy, apenas si alcanzo el cielo. No hay muchas nubes y el sol está como pálido o sea que esta haciendo frío. Y entonces me acorde de aquel día cuando los muertos que somos empezamos esta guerra para hablar. Sí, para hablar. ¿Para qué otra cosa harían una guerra los muertos?

“Les decía que por esta rendija se alcanza a ver el cielo. Por ahí pasan helicópteros y aviones. Vienen y se van, diario, a veces hasta de noche. Ellos no lo saben pero yo los veo, los veo y los vigilo. También me rió. Sí, porque al final de cuentas, esos aviones y helicópteros vienen acá porque nos tienen miedo. Sí, ya sé que de por sí los muertos dan miedo, pero esos aviones y helicópteros lo que tienen miedo es de que los muertos que somos nos echemos a caminar de nuevo. Y yo no sé para qué tanta bulla, si de por sí nada podrían hacer porque ya estamos muertos. Ni modo que nos maten. Tal vez es porque quieren darse cuenta y avisar con tiempo al que los manda. No sé. Pero si sé que el miedo se huele y el olor del miedo poderoso es así como de maquina, como de gasolina y aceite y metal y pólvora y ruido y…y… y de miedo. Sí, el miedo huele a miedo, y a miedo huelen esos aviones y esos helicópteros. A miedo huele el aire que viene de arriba. El de abajo no. El aire de abajo huele bonito, como a que las cosas cambian, como que todo mejora y se hace más bueno. A esperanzas, a eso huele el aire de abajo. Nosotros somos de abajo. Nosotros y muchos como nosotros. Si, ahí está la cuestión pues, en este día todos los muertos huelen a esperanza.

“Todo esto veo por la rendija y todo eso escucho. Pienso, y mis vecinos están de acuerdo (lo sé porque ellos me lo han dicho), que no esta bien que el sol se camine de lado y que hay que enderezarlo. Por eso de que se camine así de lado, todo pálido y friolento pues no. Como que su trabajo del sol es dar calor, no tener frío.

“Y si me apuran, pues hasta le hago al analista político. Mire usted, yo digo que el problema de este país es que puras contradicciones tiene. Ahí está pues que carga un sol frío, y la gente viva ve y deja hacer como si estuviera muerta, y el criminal es juez, y la victima esta en la cárcel, y el mentiroso es gobierno, y la verdad es perseguida como enfermedad, y los estudiantes están encerrados y los ladrones están sueltos, y el ignorante imparte cátedras, y el sabio es ignorado, y el ocioso tiene riquezas, y el que trabaja nada tiene, y el menos manda, y los más obedecen, y el que tiene mucho tiene más, y el que tiene poco tiene nada, y se premia al malo, y se castiga al bueno.

“Y no sólo, además, aquí, los muertos hablan y caminan y se dan en sus cosas raras, como eso de tratar de enderezar a un sol que tiene frío y, mírelo nomás, se anda de lado, sin llegar a ese punto que no me acuerdo como se llama pero el sup nos dijo una vez. Yo creo que un día me voy a acordar”.

CARTA DEL SUBCOMANDANTE INSURGENTE MARCOS –

21 DE ENERO DE 2000-

EZLN. EL FUEGO Y LA PALABRA. Gloria Muñoz Ramirez

09 mayo 2011

La historia de la medida de la memoria



Por: Subcomandante Insurgente Marcos

Cuentan los viejos más viejos de los nuestros, que los más primeros dioses, los que nacieron el mundo, repartieron la memoria entre los hombres y mujeres que caminaban el mundo. Buena es la memoria -dijeron y se dijeron los más grandes dioses- porque ella es el espejo que ayuda a entender el presente y que promete el futuro.

Con una jícara hicieron los más primeros dioses la medida para repartir la memoria y fueron pasando todos los hombres y mujeres a recibir su medida de memoria. Pero resulta que unos hombres y mujeres eran más grandes que otros y entonces la medida de memoria no se veía igual en todos. Los más pequeños la brillaban más plena y en los más grandes se opacaba. Por eso dicen que dicen que la memoria es más grande y fuerte en los pequeños y es más difícil de encontrar en los poderosos. Por eso dicen también que los hombres y mujeres se van haciendo cada vez más pequeños cuando envejecen. Dicen que es para que más brille la memoria. Dicen que ese es el trabajo de los más viejos de los viejos: hacer grande la memoria.

Y dicen también que la dignidad no es más que la memoria que vive. Dicen.

Vale. Salud y que la memoria cumpla su cometido, es decir, haga justicia.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Marcos

02 mayo 2011

¿Nace una estrella?


A mediados del 98, la Casa Blanca lanza otro villano a la cartelera mundial, responde al nombre artístico de Usama bin Laden, es fundamentalista islámico, lleva barba y turbante, y en el regazo acaricia un fusil. ¿Hará carrera esta nueva figura estelar?¿Tendrá buena taquilla?¿Logrará demoler los cimientos de la civilización occidental, o será no más que un actor secundario? En el cine de terror, nunca se sabe.

EDUARDO GALEANO
PATAS ARRIBA. LA ESCUELA DEL MUNDO AL REVES.
Primera edición, diciembre de 1998.

30 abril 2011

LA NOTICIA (R.W.)


Era una mujer rubia, de unos cuarenta años, probablemente alemana. Se llamaba Gertrudis. Lo que decía era esto:

- A mí me han comido como siete veces los dragones, pero siempre me tuvieron que vomitar.

- ¡Ah! – dijo el periodista cortésmente, cerrando su libreta de apuntes-. ¿Y por qué, señora?

El estudiante de medicina que acompañaba al periodista sonrió al oír la palabra señora.

- Porque soy una diosa – dijo la señora Gertrudis.

- Una diosa – dijo el periodista.

- Sí. Fíjese confió la señora Gertrudis señalando con el brazo a su alrededor, en un movimiento muy delicado-. Por mí caen todas las hojas del otoño. Mire cómo caen.

El periodista miró. El patio del manicomio estaba lleno de árboles. Y de los árboles caían millares de hojas secas. Detrás de los muros había otros árboles y de ellos también caían las hojas, en una silenciosa, interminable, inundación. El periodista vio que caían por todas partes al mismo tiempo, acaso en todo el mundo, y se preguntó cómo iba a hacer para dar esa noticia.

Dijo:

- Por favor, señora, baje el brazo.

La señora Gertrudis, con pena, bajó el brazo. El aire se volvió otra vez limpio y puro, y el periodista se alegró de no tener que pasar una noticia tan extraña.

Suplemento de humor Leoplan - Gregorio 707. Buenos Aires 05 02 1964

22 abril 2011

Destino asegurado al final del damero


Allá en lo más lejos, en lo profundo del damero algo espera.
Caminos que conducen hacia el destino, destinos que conducen hacia caminos.
De a saltitos, así como jugando, avanza, retrocede, anda y vuelve a andar.
Todo todito, sólo para llegar al final del juego.

(Fotografías del Pasaje Rocha - Ciudad de La Plata - 20 de abril de 2011)

carpe diem
abril'11

19 abril 2011

EL RESPLANDOR DE LA COMPAÑIA




En un horizonte ni muy lejano ni muy cercano se reflejan los pasos de lo que vendrá. Poco a poco avanza hacia delante esa respuesta, ese click, ese... ese... ese vaya uno a saber que.
Las miradas ven lo que esta por venir, lo que necesitan recibir para avanzar, para que esos pasos vengan, lleguen, se miren, se abracen y vuelvan al andar.
El andariego camino de la mirada cómplice que busca eso que desea encontrar pero que permanece en silencio, esperando lo que vendrá, lo que será, lo que seré.

carpe diem
abril'11